domingo, 13 de octubre de 2013

Revolution 2x03: "Love Story", o algunas experiencias cercanas al horror.

Puede ser que el título de esta entrada peque de un cierto efectismo. Mas no por ello deja de ser cierto que, en el episodio pasado de Revolution, se barajaron algunas interpretaciones del amor que me dejaron al borde del espanto. Pasen y lean, el recuento semanal de impresiones, spoilers y... bue, lo de siempre.

1) Muchas maneras de entender el amor.
Finalmente nos enteramos quién era la moribunda que precisaba la transfusion: la esposa de Titus Andover. No voy a detenerme a describir el malestar hasta físico que me produjo la primera escena del capítulo, con mi indefenso general a punto de ser exprimido como una naranja. No, lo tremendo del caso pasaba por otro lado: el apego enfermizo que este "malo maloso" sentía por su mujer.
Pienso que este capítulo ha sido un muestrario de formas de entender el amor, y de las cosas que uno puede estar dispuesto a hacer por aquellos a quienes ama. Y sí, esto es Revolution, y aquí además de una cierta ciencia ficción blanda y mucha acción, hay un carnaval variopinto de vínculos.
El amor obsesivo, para empezar. Andover estaba claramente desequilibrado, y la manera de entender cuál era su deber para con su esposa, evidentemente, era sólo uno de los aspectos en que esto se notaba. Era el amor - obsesión, que no puede soportar la pérdida del objeto de su desvelo, y que cruza todas las barreras de la ética con tal de mantenerlo atado a sí. Porque, otra cosa evidente, la esposa quería quebrar ese vínculo aún desde antes de caer enferma (lo cual se deduce de sus diálogos con Rachel).

También vimos al amor desolado buscando venganza. Ton Neville representa justamente eso: es un hombre terminado por la muerte de su señora y, como él mismo lo ha aclarado, su objetivo de vida, el norte que lo mantiene en un rumbo, es lograr que los culpables de su pérdida lo paguen.

Rachel es, por momentos, el ejemplo de otra faceta en esta tipología: el amor que se arriesga, que se la juega. Me va gustando cada vez más. Todo lo que hizo para ir al rescate del cuñado me resultó sumamente conmovedor. Es un amor que no calcula, incluso peca de poco reflexivo, ya que antepone la necesidad de salvar al destinatario de su sentimiento como sea, incluso poniendo en riesgo la seguridad de los demás. Es para quedarse pensándolo...

Miles, por su parte, ha representado al amor que protege. Y que sobreprotege, también. Pero qué le vamos a pedir, ese ha sido su rol desde el principio. Si hay algo que lo define es el papel de cuidador. Hasta podríamos hilar finísimo y decir que, en ese afán de velar por los otros, sobre todo si los considera más débiles, estuvo el germen de la milicia (hagamos memoria del episodio 1x03...). Y, justamente, sus grandes dolores tienen que ver con los momentos en los cuales le ha fallado a aquellos que se había comprometido a defender.
Aflojate, rubia, mirá dónde estás...! *suspira*

Otro que ha sabido asumir el rol de protector es Aaron. Pero, en este caso, se complementa con otra faceta, la que encarna Cinthya. Ella lo dignifica, lo "pone frente al espejo" para que, de una buena vez, acepte que tiene mucho valor (tanto por valiente como por valioso). Nuestro querido gordo a encontrado una mujer que sabe hacer algo impagable por el hombre que tiene a su lado: enaltecerlo. Y, la verdad, es un detalle que me encanta.
Por cierto, ¿ya dije que amo a este par?

2) Cuando las piezas caen en el lugar correcto.
Desde un principio dije que Rachel no me cerraba. Que la veía fría, demasiado contenida, como si tuviera miedo de sentir. ¡Miedo de sentir! ¿Cómo no me había dado cuenta?
Durante lo que va de esta temporada, pienso que he comenzado a descorrer un velo. Nos han empezado a mostrar una Rachel vulnerable, empática, compasiva... como si lo sucedido en la torre hubiera liberado sus sentimientos. Vamos, no quiero decir que se haya vuelto cálida, pero poco a poco se me ha hecho más cercana.
Este último episodio, en ese sentido, ha sido una revelación para mí. Ahora comienzo a entederla mucho mejor. Sobre todo gracias a dos escenas. La primera, cuando le cuenta a Miles que la esposa de Andover se ha suicidado y él le pide que sonría, para disimular. Ella esboza una mueca. Él le reitera que sonría, y ella le contesta: "Esta soy yo sonriendo..." La segunda, que a mi modo de ver fue magistral, cuando Miles quiere que ella se ponga a salvo, porque no va a poder protegerla herido como está, y ella le contesta: "No necesito un mártir. Te necesito a tí. ¿No podemos protegernos el uno al otro?" Aseguro que toqué el cielo con las manos. Mi pensamiento fue: "Date por hecho, morocho, es lo más cercano a un  te quiero que vas a tener de esta mujer..." (La foto es del tumblr de eveningflares)


Rachel se me ha revelado como una persona de sentimientos profundísimos, auténticos, entrañables... pero que no sabe, o no puede, o no considera necesario exteriorizarlos. Ella es medida, pero no cabe duda de la intensidad con la cual siente. Finalmente los guionistas han encontrado la manera de hacerlo patente. Con un par de gestos, con algunos diálogos, con ciertas miradas que valieron por miles de palabras. Ya está, ya quedó claro... ella también muere por el cuñado.
El problema no estaba en su escasa demostratividad. En realidad, tengo experiencia con gente poco demostrativa desde lo físico-afectivo, pero siempre había una manera en que uno se enterara de sus sentimientos. El asunto con este personaje era que no había encontrado esa vía para con ella. Ahora sí la tengo, y por eso ya no me molesta si sigue siendo aparentemente desapegada, porque he hallado la manera de leer sus emociones. Ya no queda duda que, aunque no lo exteriorice, es profundamente emotiva. Por lo menos hay un aspecto del capítulo semanal con el cual me siento en paz. La pregunta es: ¿por qué no lo esclarecieron antes?

3) Los motivos de los patriotas, y otras yerbas por el estilo.
La propia Justine Allenford se ha encargado de darnos a conocer cuáles son los objetivos de estos autodenominados "patriotas" que, munidos de todos los símbolos caros al pueblo norteamericano, han entrado en escena con la nueva temporada. Quieren recuperar el poder que perdieran a manos de Monroe, la República de Seattle y todas las demás agrupaciones políticas que surgieron con posterioridad al apagón. Dicen que para restaurar lo que fueran los Estados Unidos de antaño, y eso permite a los desorientados supervivientes de las explosiones nucleares, suponer que implica todo el cúmulo de derechos y libertades que un americano promedio asociaría con sus sistema tradicional (así como todos los límites, explícitos e implicitos, que dicho orden de cosas conlleva).
Pues bien, nosotros, espectadores, sabemos que hay gato encerrado. Y no solamente por la malhadada cartita en árabe de la cual me quejaba en la entrada anterior. Un halo de opresión y "oscuridad" rodea todas las acciones de estos supuestos patriotas. Desde el principio: necesitaron reducir a cenizas radioactivas gran parte de la costa este de su propio país para poder iniciar sus planes. Y, de allí para adelante, los métodos a los que recurren suelen ser por demás macabros.
Fijémos, por ejemplo, en la manera en que fue utilizado Titus y sus secuaces. El enviado de Allenford se lo dice con toda claridad: "necesito que aterrorices a esta gente, no que la masacres". Terror, esa será su herramienta. Pero no para ser temidos, sino para presentarse después, como los héroes salvadores frente a la amenaza que mantenía a un pueblo en estado de miedo. Los patriotas orquestan los horrores para luego mostrarse como "los buenos muchachos": método bastante común para generar adhesiones. Crea tu propio mostruo, déjalo suelto un rato, cosa que lo vean y le teman, y luego destrúyelo, presentándote como el "hombre del momento". Uf, si lo sabrán ciertos políticos que conozco...

El final del capítulo fue precisamente de ese tenor. Nuestros protagonistas en situación crítica y, en el momento de mayor necesidad, los patriotas irrumpiendo en el pueblo para "salvar el día", cargándose uno tras otro a los agentes de Andover (y al mismo Andover, de paso). Miles, herido y preocupado porque Rachel ha perdido el conocimiento merced a un flechazo, no alcanza a comprender qué está pasando, hasta que un soldado en traje de fajina, haciéndose cargo de la mujer herida, intenta tranquilizarlo diciéndole que han llegado los hombres del presidente de los Estados Unidos a hacerse cargo de la situación. Miles se pone de pié, observando cómo en un mástil es izada la bandera de las barras y las estrellas. Y, otra vez, Billy Burke nos da muestras de su gran expresividad: vemos en su rostro el cúmulo de emociones que se agolpan dentro de un hombre que, tiempo atrás, fuera también él un soldado. Educado para respetar, amar y dar su vida por esa insignia que, por primera vez después de quince años como mínimo, observa flamear gallardamente en las alturas. Pero no es ese el sentir que lo gana, no. Porque Miles también sospecha que aquí está pasando algo raro, que esa bandera no es más que un señuelo para hacerle bajar la guardia, que las cosas no son como parecen. Y es ese desgarro interno lo que percibimos en sus ojos.

Bueno, como que queda obvio que la emocionada, en ese momento, fue la fangirl. (Alerta parcial). Es que la empatía con esa criatura me ganó por completo. Me hice cargo de los sentimientos encontrados que tendría. Vamos, que por estos pagos también tenemos la triste experiencia de ver cómo un grupo se apropia de los símbolos que son de todos para después, en su nombre, emprender la cacería de los que considera opositores. Que alguien se apropie de tu bandera, o del nombre de tu país, y que después lo use en contra de los que ha jurado defender, es terrible... y de eso, por mi pobre patria, sí que sabemos. Así que, salvando las distancias, no me costó nada ponerme en el lugar del morocho.

En fin, sé que pasaron muchas cosas más en este capítulo, pero no me generan demasiadas reflexiones dignas de ser compartidas... si alguien quiere comentarlas, me alegraría muchísimo. ¡Siéntanse libres de opinar y compartir!

domingo, 6 de octubre de 2013

Revolution 2x02, "There will be blood": pidiéndole peras al olmo...

Y sí, claramente, mi mentalidad de centro - izquierda persevera en su creencia en los Reyes Magos. Optimista como siempre, esperaba encontrarme con una ficción futurista en la cual se continuara con la buena escuela iniciada la temporada anterior, cuando nos mostraron sin ápice de duda que el peor enemigo del ciudadano norteamericano promedio.. es otro norteamericano promedio. Ahora, habiendo visto el segundo episodio de esta segunda temporada de Revolution, cruzo los dedos para que sigamos por esa senda... aunque comienzo a avisorar indicios que me hacen sospechar que, probablemente, no sea así.

Y se preguntarán cuál es el motivo de tanta diatriba. Pero seguramente ya lo habrán adivinado: la cartita recibida por la emisaria del Señor Presidente... Misiva ESCRITA CON CARACTERES ÁRABES. Ustedes saben lo que eso significa: los supuestos patriotas americanos están en componendas con el "terrorismo internacional islámico". Si resulta que, en esta temporada, el gran enemigo de ficción va a ser el actual "cuco" con el cual se asusta a nuestros vecinos de bien al norte, para mí la serie va a ser una completa desilusión, y no creo que ni vaya a alcanzar mucha exposición del General Matheson en cueros para que se salve de mi crítica lapidaria. Lo que no significa que vaya a dejar de verla, salvo que alcance los niveles de patrioterismo repugnante de un Transformers... pero en fin, ya dije que mi mentalidad de centro - izquierda confía en la existencia de los sujetos mágicos, de modo que todavía tengo la esperanza que estos guionistas me sorprendan.

Como siempre: comentarios sueltos, muchos spoilers del capítulo y momento fangirl al final. Sigamos...

1) Soy peor que Rosario Chiarcchiaro...
¿Se acuerdan de Il Jettatore, la obra de teatro de Pirandello? (La obra se llama "La Patente", pero se la ubica más por el tema del Jettatore...) Pues bien, si el pobre Rosario le traía mala suerte a la gente, debe ser un antepasado de esta servidora. Bastó que declarara mi simpatía por el sheriff nativo, para que llegara a un ominoso final.
Los guionistas, a mi parecer, persisten en un error que vienen arrastrando desde tiempo atrás: liquidan con pasmosa facilidad personajes a los cuales podrían haberles dado mucha tela aún. Ya he dicho lo que pienso sobre la pronta eliminación de Maggie. Opino que con nuestro sheriff han vuelto a equivocarse. Y encima, antes de su final, intentaron convertirlo en un ser risible, con esa desventurada referencia al Walker Texas Ranger de Chuck Norris... Comenzamos mal...


2) Aaron & Cinthya: hay razones del corazón que la razón no entiende.
Como le pasa a muchas personas que acaban de sufrir una experiencia cercana a la muerte, nuestro querido gordo ha quedado traumatizado, y con razón. Le cuesta aceptar lo ocurrido, es analítico y por ende necesita comprender el por qué, desmenuzar los "milagros"... Evidentemente, no es lo que llamaríamos "un hombre de fe" y, en el fondo, se lo entiende. Porque él sabe que, detrás de todos esos aparentes casos sin sentido, está la mano del hombre. Sí, una mano que ha lanzado al espacio una piedra que ya no puede controlar. Y, me parece, eso es lo que enloquece a Aaron: se ha perdido el control. A todos los que nos pasamos de racionales nos ocurre eso, necesitamos tener las riendas siempre tomadas para sentirnos medianamente seguros.

¡Ánimo, gordo! Si sos el único personaje al que ama todo el mundo... te llegaban a matar, y les hacíamos un motín.

Pero Cinthya... ah, cómo me gusta ella (guarda, Guivi, no te encariñes demasiado, ya sabemos que sos il Jettatore, buuuuuh), está dispuesta a aceptar el regalo de la vida, sin cuestionamiento. Y no me parece una actitud poco sana, al contrario. A veces hay que preguntar menos y disfrutar más. Por otro lado, esa frase maestra que dijo: "Sí, yo creo. Y eso no me transforma en una lunática", me provocó ganas de ponerme de pié y aplaudirla. Sí, muchacha, yo también creo, creo en un montón de cosas. Y no por eso dejo de tener capacidad científica. Hay que saber cuál es la vía de conocimiento que conviene aplicar a cada cuestión.

Este dúo me puede... Aaron ¿es una especie de versión post - apagón de los profes de Historia?

3) Lo que se hereda...
...no se roba, reza el dicho. Pues parece que aquí eso se nota plenamente. Hay una línea de continuidad marcada entre Gene, Rachel y Charlie. Y esa línea se llama tozudez. Los tres son absolutos cabezas dura. Pero eso, en ciertos contextos, puede ser una virtud.
Gene es un personaje entrañable. Si bien por momentos parece el típico padre sobreprotector, finalmente llegamos a comprender que él conoce a su hija, y sabe cuándo conviene más seguirle la corriente, acompañarla, que ponerse obcecadamente en su contra.

De tal padre, tal hija...

Rachel podría aprender de su papá, para ponerlo en práctica la próxima vez que esté con su hija...

Y la nena... ja, sigue con la costumbre de decir lo que piensa sin anestesia, poniendo incómodos a sus interlocutores, sean perfectos desconocidos o el propio Sebastian Monroe. Aunque, en el caso de Bass, éste se lo tiene merecido de pé a pá. Charlie no le va a perdonar así como así todo el daño que le hizo a su familia, especialmente a su hermanito... se lo va a hacer pagar... aunque al final se conmisere de él. Porque ahí hay algo raro, a mí no me vengan con que no... ahora, qué es exactamente, todavía no lo determino.

Hecho percha y todo, no podemos negar que la sonrisa le queda hermosa.. reí más seguido, Bass!!!

Hablando de Monroe... he leído por ahí que algunos especulan con que este nuevo muchacho con el cual se ha cruzado Charlie, el que los tenía prisioneros, puede ser el hijo perdido del general. No me cierra mucho, no me cuadran las edades, pero todo puede ser en este universo paralelo de la revolución...

4) Neville, por siempre Neville...
Creo que la actuación de Giancarlo Espósito fue lo mejor del capítulo. Ese hombre maneja los cambios de expresión con una maestría singular. Su personaje va a dar que hablar largamente... y me congratulo al ver que no lo han edulcorado en nada, que sigue siendo el mismo cabrón hijo de su madre que vimos la temporada pasada, sólo que esta vez, parece, a favor de una mejor causa. Sangre fría a toda prueba, no le tiembla el pulso si tiene que cargarse a quien confía en él. Espósito es sólido, es creíble, es un capo en este papel... cada segundo de metraje que le es dedicado se transforma en una joya para el conjunto.


5) Varios motivos para enloquecer por un ex - marine (zona declaradamente fangirl).
La ya mentada ideología de centro - izquierda exige un sano rechazo del imperialismo yanqui. Dicho imperialismo se materializa, por lo menos en lo que a Latinoamérica concierne, en el tristemente célebre cuerpo de Marines, como mínimo desde tiempos de Sandino para acá. En el caso de quien escribe, se traduce en indignación cuando veo que alguno de mis alumnos, bastante ignorante de los hechos subyacentes, utiliza en su vestimenta alguna inscripción o dibujo alusivo a esa fuerza militar. Pero debo confesar que, de un tiempo a esta parte, antes de caer en el estado de indignación propio del caso, tengo mis buenos diez segundos durante los cuales la palabra "marine" me remite a una sola y única referencia... Sí, para qué lo vamos a negar, tengo mis momentos de estupidez diaria, gracias al "general" Matheson.
Todo el arco de Miles en este capítulo puede ser descripto como una "tiendita de horrores". Encerrado en una jaula, a merced de un psicópata peligroso que, además, tiene todo el perfil de un pervertido, torturado con un martillo y, al parecer, próximo candidato a donante involuntario de sangre para una misteriosa y demacrada joven. Vamos, que si no fuera Revolution, parecería que lo han metido en una película de vampiros cutre...

Hmmm... no me den ideas, que después ando soñando barbaridades...

Pues bien, así y todo, morí de amor. Varias veces. Y por razones obvias.
La primera: podría haberse salvado él solo. Pero no, lo gana la caballerosidad y, por volver a rescatar a una compañera de infortunios, pierde una posibilidad preciosa, delata su habilidad en combate y, por eso, se gana que le destrocen la mano de la espada, a modo de previsión (me dejan mancos a todos mis créditos... acá pasa algo raro...).
La segunda: está en innegable desventaja, a merced de un maníaco del que no se sabe qué esperar, lo han apaleado y de seguro no lo alimentaron como se debe y se encuentra mal dormido... pero el tipo no pierde su capacidad de sarcasmo. Me gusta ese espíritu que no se doblega.

Él es un tipo rudo, que lo sepan... pero qué bien le sienta el pelo más corto...

La tercera: luego de tooodo el cuento que le arma don Tytus acerca de lo que estaba haciendo la noche del apagón, en plan "fíjate cuán malvado soy, bien harías en tenerme miedo"... Miles solamente le contesta con una mueca y un "Qué asco..." Ese es mi chico...

6) Expectativas para la próxima.
Voy a terminar esta entrada con una serie de preguntas abiertas...
¿Quién será la muchachita de las transfusiones? ¿La hija de Tytus? ¿La hermana? ¿La amante? ¿Y cuál será la causa de su mal?
¿Qué pasará con Monroe y Charlie? ¿Habrá momento de entendimiento? ¿Ella intentará seguir moliéndolo a palos? ¿Él se enojará y se la devolverá? ¿O pintará romance?
¿Qué nuevas visiones va a tener Aaron?
¿Cuántos capítulos más le llevará a Neville transformarse en General del Ejército Patriota?
¿Veremos a Gene Porter en versión guerrero? ¿Cómo reaccionará cuando vea, en ese rubro, de qué cosas es capaz su blonda hija?

Ay, rubia, rubia... cuando te vi mover cielo y tierra para rescatar a tu cuñado, me ganaste el corazón, linda...

¿Faltará mucho para que Miles y Rachel blanqueen la situación? ¿O, por lo menos, para que "se vean arrebatados por las circunstancias"?

Preguntas, preguntas... pero la más trascendental es la siguiente: ¿seguirá siendo Revolution una serie sorprendente? ¿O caerá en el tópico del enemigo tradicional? En pocos días comenzaremos a saberlo...

domingo, 29 de septiembre de 2013

Revolution 2x01: "Born in the U.S.A.", o sobre llovido...

Volvió Revolution. El 25 de septiembre fue emitido en los Estados Unidos el capítulo 1 de la Segunda Temporada, llamado "Born in the U.S.A.". Y la situación amerita nuestro subtítulo de "sobre llovido, mojado". Estamos en presencia de una ficción post - post - apocalíptica: a los males derivados del apagón (léase, el desmembramiento de la Unión y la instauración de los regímenes dictatoriales al estilo de Monroe) se le han sumado las consecuencias del colapso de ese orden post-catastrófico. La organización conseguida a lo largo de los 15 años que sucedieron al momento en que se apagaron las luces (organización a palos, pero en fin...) se ha venido abajo como consecuencia del ataque nuclear sufrido por Philadelphia y Atlanta. La Milicia ha entrado en crisis con la pérdida de su líder. Si existía en la Costa Este un remedo de sistema político, éste ha desaparecido con el episodio misilístico.

Como de costumbre, quiero aclarar que esta no es una reseña, sino un punteo de los comentarios y dudas que me ha generado este muy esperado retorno. Y, como siempre, dejar sentado desde ahora que hay spoilers. Si no viste el capítulo y no quieres perderte las sorpresas, no sigas leyéndome...

1) De los vínculos.
Sigo notando, con gran alegría y alivio por mi parte, que en la base de esta ficción se encuentra un análisis sobre la complejidad de los lazos familiares. En este primer episodio hemos podido considerar la diversidad que puede esconderse detrás del concepto de rol paterno. En menos de una hora, tuvimos un paseo por el padre protector (la actitud de un preocupado Gene Porter con respecto de la situación de su hija Rachel); el que acepta la condición adulta de su progenie (la despedida de Charlie y Miles... ya, Miles se supone que es el tío... ejem, ejem... eso está por verse... Bueno, por lo menos ha adoptado el lugar de figura paterna para su sobrinita) ; el hijo que se transforma en padre de su propio padre (Jason Neville utilizando, para hacer reaccionar a un aturdido Tom, los mismos métodos nefastos que su progenitor usara antaño con él... lo que se hereda no se roba, cariño...)


2) Aaron Pitman: la reivindicación de la dulzura como valor humano.

Siguiendo con mi interludio sentimental, debo confesar que me encantó ver a Aaron en agradable compañía femenina. Y más me gustó que dicha compañía resaltase en él, como elemento diferenciador, una cualidad que siempre jerarquizó al personaje de Zak Orth frente a todos los demás: su calidez humana, ese profundo don de empatía que lo lleva a comprender a su interlocutor, y a preferir las razones altruistas de los actos de voluntad. Ya lo dije una vez, si tuviera que elegir un personaje de esta serie para que fuera el tío postizo de mis niños, lo nombro a él. Y sigo nombrándolo. Con lo cual DE NINGUNA MANERA HUBIERA PERDONADO A ESOS GUIONISTAS si llegaban a hacer con Aaron la "gran Maggie". Y parece que lo tuvieron en cuenta... nos tuvieron penando durante cinco interminables minutos, pero el capítulo terminó, justamente, con nuestro querido gordo regresando de entre los fallecidos. Lo cual nos lleva en picada al punto 3.

3) ¿Para dónde vamos...?
Si uno lee las reseñas sesudas, dicen que Revolution es ciencia ficción post apocalíptica (recontra blanda, agregaría yo), pero hemos visto algunos guiños en este episodio que parecen indicar un cierto giro hacia el territorio de lo fantástico. La "resurrección" de Aaron a último momento puede explicarse científicamente, es cierto, pero... ¿será eso lo que nos van a mostrar? Y... ¿qué hay con todas esas luciérnagas que, inexplicablemente, parecen mostrar patrones en el cielo, patrones harto extraños? Incluso Aaron lo dice, en cierto momento: "la misma física parece estar demente..." Me gustaría que nos dieran más ejemplos de esa supuesta insanía que ha calado en el mundo luego del impacto nuclear...

¿Tendrá que ver con esto la enigmática primera escena del Gral. Matheson? ¿Qué habría en la casilla de madera que debió ser entregada a las llamas?

¿Qué elemento le habrá provocado a Miles la herida en la mano? Mi imaginación descarriló con tantas preguntas. Se me ocurren ideas relacionadas con mutantes producto de la radiación, infecciones transmitidas por heridas cortantes, etc., etc., etc. Soooo, calma, imaginación, esto es Revolution, no Resident Evil... no sé si me explico...

4) Hablando de malos...
Pasemos revista a nuestros malvados de la temporada anterior.
Bass Monroe. Claramente, ya no es el malo absoluto de la película. Es más, parece un pobre hombre entregado a la tarea de boxear para no recordar lo hecho. Es una sombra de su pasado... y no me gusta que esté así. Yo quiero volver a verlo soberbio y orgulloso, seguro de sí mismo, entero sobre sus pies. Espero que los guionistas sepan darle un objetivo. (Entre paréntesis, ya sabemos a qué se dedicó David Lyons en el intermedio de temporadas: se internó en el gimnasio, para poder mostrar semejante torso... conozco más de cuatro que deben haber quedado al borde del infarto masivo durante la escena de la pelea, jeje...)

Tom Neville. Me equivoqué con él. Hubiera apostado a que sería el malo maloso de esta temporada, y me parece que no... ahora le veo más perfil de justiciero. Culpando a la gente de Señor Presidente por el holocausto en el cual, seguramente, ha muerto su amada esposa (cómo me gusta que el rol antagónico sea capaz de tremendos sentimientos...), Tom va a infiltrarse en dichas filas para hacer eso que él sabe mejor que nadie: ganarse su confianza y destruirlos desde adentro. Me preparo para disfrutar en grande todas sus aventuras.

¿Y quién va a ser el malo de esta temporada, entonces?
Hay uno evidente, que es precisamente el Sr. Presidente de los Estados Unidos. Los guionistas lo han tratado con rencor desde el principio: es esa rata que estuvo escondida durante los años de necesidad, y que ahora emerge a reclamar lo que supuestamente es suyo, aprovechando que aquellos que podrían resistírsele han colapsado, pero... ¿dónde estuvo mientras Monroe imponía su orden a sangre y fuego? ¿Apoyó a los rebeldes que querían recuperar al país, cuando eran masacrados por los nuevos poderes? Claramente, no...


Me atrevería a aventurar la existencia de otro malo. No de una persona, sino más bien de una "fuente de maldad". Estos humanos post - post - apocalípticos tienen que vérselas, otra vez, con el lado oscuro de la condición humana. Tienen que afrontar sus propias sombras. Los "forajidos" que vemos aparecer en las planicies, que se dedican al saqueo, a la matanza de hombres y al secuestro de mujeres son, a un tiempo, una amenaza real y una metáfora de nuestros propios fantasmas. Nuevamente, la situación límite impulsa a las comunidades a hacer acopio de sus mejores cualidades... a riesgo de sucumbir ante la emergencia de sus peores rasgos.

 
La bandera de las barras y las estrellas ha sido signo de opresión para muchos países del mundo durante largo tiempo, pero para sus portadores siempre ha significado libertad. Sería una verdadera innovación, e incluso una jugada políticamente riesgosa, si el guión de esta segunda temporada planteara una situación en la cual se transformara en un macabro símbolo de injusticia para sus propios seguidores... ¡Cómo me gustaría que se arriesgaran a hacerlo! En fin, tal vez estoy pidiendo demasiado.

5) Ni contigo, ni sin tí... (Alerta, momento extremadamente fangirl)

Mis amistades más cercanas pueden atestiguar lo insoportablemente estúpida que anduve la última semana antes del estreno (aunque alguna de ellas clamase por el retorno del general Matheson, habida cuenta de cuál era la alternativa... véase entrada anterior). Y ese derroche de apostura andante que es don Billy, no decepcionó a su fangirl más estudiosa.
 
Estoy empezando a comprender/aceptar esa relación retorcida que hay entre los cuñados. Entiéndanme, nunca tuve nada en contra de ellos por el hecho que Rachel estuviera casada con el hermano de Miles, el amor es así, cuando llega no pregunta. El tema era que no me convencía ella: no había manera en que yo llegase a creerle a la mamá de Charlie que estaba enamorada del mayor de los Matheson. La recíproca era más que obvia... a Miles se le nota en los ojos que muere por su cuñada... todas y cada una de las escenas en que la mira, esos ojitos tiernos y tristes dicen "Ay, Rachel, date cuenta... estoy loco por tí". Y me encanta que Billy sea capaz de hacerle transmitir eso a su personaje tan sólo con la manera de mirar.

Bueno, lo admito. Liz está comenzando a convencerme. Y creo que ha sido a propósito, todo este tratamiento del personaje. La Mitchell, a no dudarlo, es una actriz de categoría mayor. Y no está nada mal que recién ahora, cuando su personaje está quebrado por la culpa que la atenaza, sus sentimientos salgan a la luz con mayor claridad. La escena de la despedida, con abrazo y sugerencia de ella para que Miles no se vaya aún, hablan por sí solas. Ahí uno puede empezar a creer seriamente que el general es correspondido en sus ardores. Veremos...

Ay, hermosa, si vos me lo podés hacer feliz al morocho... ¿qué te cuesta?

6) Antes de irme...

Hala, hala, vamos con la versión post-apocalíptica de Bravestar!!!

Sí, me gustó el sheriff. ¿Qué esperaban? Parece un hombre honesto, y es nativo americano. Dos más dos, cuatro. Le cayó bien a la Guivi. ¡Vamos a echarle porras!

Y una más del "General Matheson" que, en definitiva, es el preferido de la bloguera, jajaja...

Buscás en el diccionario "morocho infartante" y te encontrás con esta foto...


En síntesis, qué bueno que tenemos Revolution para rato. Este primer episodio ha llegado para plantearnos más interrogantes que para sacarnos de dudas... Una sola cosa es segura: voy a estar esperando con ganas el episodio 2... aquí apenas ha comenzado a desenrollarse la madeja.
 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Una escaramuza en Fuerte Terror: poniendo a Lord Bolton en perspectiva

A lo largo de los años, he escuchado y leído diversas interpretaciones acerca del significado de los sueños. ¿Por qué soñamos? ¿Qué son y qué sentido tienen esa serie de películas que se desarrollan noche a noche en la pantalla de nuestra conciencia dormida? Creo que se han encargado del tema representantes de los más diversos menesteres, desde los neurobiólogos hasta los poetas de la talla de un Jorge Luis Borges. Y hasta el día de hoy, los sueños son un misterio a medio resolver. ¿Divagaciones de un cerebro que necesita descansar? ¿Chicle mental? ¿Un mecanismo para procesar la información que hemos recolectado en el día? ¿Un expediente de nuestra mente para recuperar datos que, en su momento, percibimos sin “apercibirnos” de ellos? O bien, ya entrando en el pantanoso terreno de las creencias… ¿premoniciones? ¿Recuerdos de otras existencias? ¿Mensajes de otros planos de conciencia? En fin, las opciones son muchas. Como no soy una entendida en el tema, simplemente paso revista de cosas que he escuchado. No sé cuál es la explicación científicamente más avalada en la actualidad. Pero lo que es un hecho comprobado es que todos los seres humanos sueñan, aunque al despertar lo olviden. Incluso, si mal no recuerdo, se han hecho experimentos que abonan la idea que el soñar es casi una necesidad fisiológica.

A estas alturas, se preguntarán qué tiene que ver toda esta perorata con el Señor de Fuerte Terror mencionado en el título. Tiene que ver en la medida que un sueño me ha tenido obsesionada con el personaje durante toda la última semana.  En este caso, creo que fue la manera en que mi parte subconsciente se las ingenió para llamarme la atención sobre las ambigüedades que rodean a este personaje de la ya muchas veces mencionada en este blog Canción de Hielo y Fuego, de G.R.R. Martin, y su versión televisiva.

Si lo vemos desde una perspectiva simplista, Roose Bolton, señor de Fuerte Terror y banderizo de la Casa Stark, es el epítome del traidor, y nada más. Ha abrazado la causa de su superior y lo ha seguido al combate sólo para venderlo cuando las circunstancias le han resultado adversas, y ha conseguido incluso una promoción social en toda la regla. Ha pasado a ser el Guardián del Norte, título que ostentara el desaparecido Lord Stark: aparentemente, en eso ha consistido la recompensa por los servicios prestados a la otrora enemiga Casa Lannister. Servicios que iban más allá del cambio de bando en sí: ha sido el mismo Roose quien asesinó, a sangre fría, a Robb Stark, el hijo de Ned aclamado como "Rey en el Norte". (Desconozco al autor de la imagen, está tomada de www.westerosasoiaf.org)

Aquí es donde comienzan mis contradicciones. Y aquí es donde veo la necesidad de hacer un análisis que demarque las aguas entre el Roose del libro y el de la serie. No tanto porque sean muy diferentes, que es en el fondo sólo una cuestión de matices, sino porque, me parece, las dos visiones dibujan, de manera complementaria, el perfil de un personaje que escapa a cualquier simplificación.

Volvamos a la Boda Roja. Confieso que, cuando la leí en el libro por primera vez, mi sensación de shock fue tan grande que no me di cuenta que Bolton había sido el autor material del asesinato del rey. La narración nos cuenta que él se va del salón, con excusas fisiológicas, antes que comience la masacre. Mucho después, un hombre de cota de malla oscura y capa rosada hunde su espada en el pecho del Joven Lobo, expresando aquello de "Los Lannister envían sus saludos". En el momento ni se me cruzó por la cabeza que solamente el señor de Fuerte Terror podía llegar a decir esas palabras, tergiversando de esa forma las intenciones de Jaime, el Lannister que mandaba los saludos en cuestión (y que no tenía la menor idea de la masacre que su propio padre había tramado en contubernio con los Frey). Solamente cuando lo vi en la pantalla, en esa macabra aunque magistral escena en que Michael McElhatton le da vida y voz (y qué voz...) a Lord Roose, comprendí las cosas. Sí, soy lenta para esos detalles. Más lenta soy cuando vienen envueltos en toda la carga traumática que tenían esos párrafos. Estaban matando a mi rey, qué tanto, soy y seré una Mormont... que de eso se encargara Bolton o cualquier otro era lo de menos. Y así pasé por alto un detalle fundamental.

Y es que mi percepción de Roose en el libro nunca fue negativa. Y veamos por qué. Martin nos presenta a Bolton como un hombre serio, prudente, muy medido en cuanto a sus reacciones emocionales. Un hombre imposible de leer: sus pensamientos y emociones no llegan a reflejarse en su rostro. Desconocemos sus sentimientos, y a veces podemos llegar a dudar que realmente los tenga. Es frío, es desapasionado. Donde otros gritarían con furia, Bolton pasea una mirada de sus ojos color hielo y, hablando con una voz que es apenas más fuerte que el susurro de una araña (tal cual, palabras de Martin) logra que se haga el silencio y se escuche su opinión. Un hombre así inspira respeto y, a qué negarlo, mete miedo. Casi un temor reverente. (La imagen está tomada de www.visionasoiaf.wordpress.com, de nuevo agradezco si me cuentan quién la realizó, está firmada debajo pero no logro descifrarlo...)
 

Pero no genera aversión. Después de leer sus acciones en Danza de Dragones, vistas principalmente desde la óptica de Theon Greyjoy - Hediondo, toda esa concepción del hombre desprovisto de sensibilidad, queda en entredicho. Bolton sabe que no se es un buen líder si todo se basa en el miedo. Está preocupado por las actitudes de su hijo Ramsay, no tanto porque sean crueles sino porque van a enajenarle la voluntad de sus subordinados. Roose sabe que, algún día, ese hijo que no ha querido y que le ha arrebatado al otro vástago, al legítimo, al que sí quería (basta leerlo cuando le habla a Theon de él para entender que es un hombre de sentimientos profundos... educado para disimularlos, porque eso es lo que se espera de un señor), será su sucesor, y no está demasiado conforme con la manera en que pintan los hechos para cuando él falte.


Lord Bolton, y aquí está el meollo de mi argumento, se preocupa por su gente. Es un buen líder, busca ponerle coto a la destrucción indiscriminada. Siempre está su mano reteniendo el freno del hijo que, si no fuera por él, sería mucho más atroz. Y creo que en esa búsqueda de evitar sufrimientos inútiles está la clave de su traición. Roose se da cuenta que, tal y como iban las cosas, la causa del Joven Lobo estaba perdida. Había cometido errores diplomáticos fatales, y Bolton lo ve rápidamente. Y su consejo, me parece, no es tenido presente. Entonces decide cortar por lo sano: su cambio de bando necesariamente precipita el final de las hostilidades. Y eso le permite no sólo ascender socialmente, como ya se explicó, sino brindar a su gente, a las comunidades que dependen de él, la posibilidad de tener un respiro, de reacomodarse y de preparase ante la inminente llegada del invierno.

Que se entienda algo: no estoy justificándolo ni estoy diciendo que lo hecho haya estado bien. Simplemente estoy intentando comprenderlo, y me parece que no soy injusta si digo que, si  es evidente que hay ambición en sus acciones, también hay interés por un bien mayor. Claro que no siempre vamos a coincidir, necesariamente, en que su forma de buscar ese bien haya sido la más adecuada.

No voy a negarlo, me chocó tremendamente que fuera justo él quien matara al rey Robb. En la serie me pasé toda la dichosa escena recitando "odio a Bolton, odio a Bolton", como si de un mantra se tratara. Es terrible, es estremecedor. Pero si lo analizamos más profundamente, es otro acto de honestidad. Roose hace su propio trabajo sucio: en ese sentido es un digno émulo de aquel Ned Stark que sostenía el deber del señor de mirar a los ojos al sentenciado cuando se cumplía su condena a muerte, siendo a un tiempo juez y ejecutor. De modo que el haber tomado la responsabilidad en sus manos es incluso, y dentro de la barbarie que implica, una decisión honorable.

En síntesis, el Lord Bolton del libro no me cae mal, no comparto su proceder pero lo comprendo, lo puedo poner en perspectiva y no me resulta tan terrible. Cae dentro de la lógica general de la historia.

¿Qué pasa con el de la serie?

Ay, aquí los sentimientos son, si cabe, más encontrados. Y se lo debo al impecable intérprete que lo ha encarnado: el sin duda talentosísimo irlandés Michael McElhatton (un desconocido para mí hasta este papel, situación que amerita ser remediada en breve... es un actor impresionante...)
 
Veamos. La caracterización, desde el aspecto físico, es muy buena. Michael tiene dos puntos a su favor que son incuestionables y centrales en el personaje: los ojos - extraños, perturbadores, de un azul muy claro pero muy intenso, de una frialdad muy expresiva, si cabe el contrasentido - y la voz - profunda, inquietante, cautivadora, un delirio para cualquier fangirl. (Imagen de www.tumblr.com)

Pero, además de todas las características que, como ya mencioné, delinean al personaje literario, esta versión televisiva le suma cierta sordidez, cierta ironía incluso un poco sádica, que lo lleva unos pasos más allá que el Bolton del libro. El Roose de McElhatton se hace odiar... y amar al mismo tiempo. Moviliza pasiones, cosa que el otro no generaba tan abiertamente. La escena en que martiriza al pobre de Jaime a su llegada a Harrenhall, haciéndole creer, por un momento, que su adorada hermana ha tenido un destino infausto, es una muestra innegable de lo que estoy diciendo. Es auténtico veneno para la fangirl: me provoca deseos de saltarle encima y molerlo a golpes... pero al mismo tiempo su voz, esa voz peligrosa, me derrite.

Está sin subtítulos, pero qué más da, lo que importa es esa voz, y esos ojos...

Y lo mismo ocurre en la escena con Lord Frey, post - Boda Roja. Es el tipo jodido más escandalosamente seductor que me haya cruzado en mucho tiempo. Últimamente, a qué voy a negarlo, se ha transfomado en mi "villano" favorito.

Qué ganas de matarlo, maldito monstruo... no, mejor no... aaarffff...

Por alguna razón que desconozco, no era algo que pudiese admitir fácilmente, de modo que mi experiencia conciente negó los hechos y me quedé con la versión "ese, en la serie, es un verdadero hijo de p..." Pero mi parte inconsciente maneja su propia agenda, y así fue que, merced a un sueño por demás sugerente, lord Roose ha estado robándome, no diré el corazón, pero sí la tranquilidad, durante los últimos días. Mi manera de conjurar los fantasmas, como siempre, ha tenido que ver con escribir esta entrada, y con la vertiente audiovisual de los hechos. Pasen y vean, mi último ataque al movie maker:



La elección musical fue otro delirio, lo aclaro de entrada. Me costó horrores encontrar un tema que expresara lo que quería decir. Lo primero que se me ocurría usar era "I love to hate you", de INXS, pero lo descarté inmediatamente, por trillado. Después pensé en canciones como "Love me for what I am", de Carpenters, por aquello de "You must love me for what I am, just for being me... and if you're only using me to fill your fantasies, you're really not in love, so let me go...", y un par de otras por el estilo, pero era DEMASIADO romance, y no es precisamente eso lo que me inspira Lord Roose, digamos.

Hasta que, finalmente, me acordé de ese corso a contramano que es el sueco Gunther... cómo nos habremos divertido con él las chicas del Indy, en la época que shippeabamos a los tenientes de la serie Hornblower... hacer un video sobre cualquiera de ellos usando música de Gunther era una suerte de iniciación. Yo necesitaba tomarme medio en broma, medio en serio, el asunto de Roose, y armarle un video usando "Pleasureman" fue mi forma de ponerlo en su lugar: una suerte de ícono sexual bizarro, por decirlo de alguna manera. (Imagen: www.huffingtonpost.com)

Bueno, habiendo dejado debidamente conjurados mis fantasmas... me pongo a pensar que, a lo mejor, se le puede hacer otro video con alguna canción de Bon Jovi... uy, soy un desastre, ya lo sé.

sábado, 24 de agosto de 2013

Uniformes...

Soy pacifista, de eso no cabe duda. Y lo soy desde chica, creciendo en medio de la Guerra Fría cuando, como digna émula de Mafalda, componía versitos para poner en vereda a rusos y yanquis (versitos que, por suerte, sabe Dios dónde fueron a parar). No pude viajar a Mendoza el 1ro de enero de 2010, para el gran cierre de la Marcha Mundial por la Paz y la No – Violencia que había organizado el Movimiento Humanista, porque mi hijo Juan Lucas era demasiado pequeño para soportar el traslado a la montaña conmigo, pero hay muchas maneras de estar presente en un lugar, más allá del físico, y de todas ellas me valí para no perdérmelo. Los que me conocen saben que he defendido esta posición vital incluso en circunstancias adversas, por ejemplo cuando los profesores de la universidad me la ninguneaban, considerando que “no era una opción política válida”. Y que la he sostenido, en primer lugar, incluso en contra de mí misma, en un proceso inagotable contra mi violencia interna.

 

En fin, mi pacifismo está fuera de toda duda.

Por lo cual resulta, a primera vista, totalmente contradictoria mi fascinación por los uniformes.

Voy a hacer una aclaración desde ya. Me gustan, me encantan (a qué voy a andarme con chiquitas) los uniformados de la ficción. Los que me he cruzado en la vida real no han tenido, ni de lejos, ese efecto… salvo alguna honrosa excepción pero, aclaro, yo era muy joven y él no tenía puesto el uniforme cuando estaba conmigo: nos veíamos en fiestas, y él siempre estaba “de civil”. Así que en esta nota vamos a hablar de lo que nos ocupa habitualmente en este blog: chongos fílmico-literarios pero,  esta vez en particular, pertenecientes a alguna fuerza armada.

Tengo la teoría que los uniformes, sobre todo si son antiguos, le sientan muy bien prácticamente a cualquier muchacho. Tómese cualquier individuo y hágase la prueba de poner, una junto a la otra, una foto corriente y otra, por ejemplo, con el traje de la marina británica de las épocas napoleónicas, y apréciense los resultados. Para muestra, basta un botón… o dos, o tres: ya que estamos, pasemos revista a este trío de tenientes de las películas Mutiny y Retribution, de la serie Hornblower…


 Jamie Bamber, con uniforme es Archie Kennedy (mi yerno en el universo paralelo... ¿se acuerdan?)
 Paul MacGann, interpretando al Tte. Bush, reivindica un apellido deplorable
 Cuando Ioan Gruffudd se calza el traje de Horatio Hornblower, yo sufro un infarto masivo...

Es cierto, prefiero los trajes antiguos. Pero hay gente a la cual hasta el equipo de fajina del ejército contemporáneo le sienta bien… incluso si el corte de pelo lo torna irreconocible, como es el caso de don Nico en La Caída del Halcón Negro.



Si no me equivoco, el mismo Nik dijo que hasta su madre lo había confundido con otro en esta peli... Fuente de la imagen: http://julieannthomas.blogspot.com
 
Aunque, hablando de don Nico, lo que le queda regio a él es otro “uniforme”… digamos, el traje de guardia real…

Y mirá que en ese momento lo consideraba un soberano hijo de mala madre... pero igual. Fuente de la imagen: www.screened.com
 
¿No nos estaremos yendo de tema?

La verdad es que anduve dándole vueltas al asunto, y he terminado por caer en una conclusión un tanto preocupante. En el fondo, no es la ropa. Es la actitud. Lo que me gusta… son los guerreros. Sí, pacifista y todo, pero cuando hago la lista de los personajes que me conmueven, resulta que son todos militares o guerrilleros. Mi madre… y sí, nunca mejor dicho, MI MADRE, con su fascinación por el Ché Guevara… ese también era un guerrero… parece que lo que se hereda no se roba.

Fiel a mi vocación de científico social, tuve que comprobar el caso. Fíjense lo que me pasó con Lost (ya se viene post sobre la primera temporada en retrospectiva, ténganme paciencia…). Me recomendaron la serie desde múltiples lugares. Muchísima gente, y muy diferente entre sí, me dijo que no me la podía perder. Y bueno, hice caso y la encaré. Y… ¿qué personaje masculino me llamó la atención, así, de entrada nomás? Muchos hacían sus apuestas por Jack, el médico altruista y considerado con madera de líder. Otros temieron que, habida cuenta mi caída en terrenos de la rubiola, pudiera considerar a Sawyer, el descarado y aparentemente indolente que, en el fondo, sólo es así por el dolor que sufre. Pero no… pero no… sumemos, a la Guivi le gustan morochos, le gustan más si tienen un toque “extraño”… le gustan guerreros… y sí, el número puesto era Sayid.

El morocho tiene toda la pinta... Imagen de www.graphicshunt.com


Y sí, me conmovió el iraquí, sufrí como loca con su recaída en las maniobras propias del “grupo de tareas” (ese es otro dilema moral… ¿le puedo perdonar que haya sido torturador? En el mundo real, lo dudo… pero es ficción, por suerte, es ficción…). Y eso que en la serie ya no aparece de uniforme, salvo en algún flashback. Lo cual viene a corroborar mi sospecha…

La verdad, no era necesario darle tantas vueltas al asunto. Teníamos otro ejemplo a la mano. ¿Acaso Miles Matheson no es un guerrero en toda la regla? Y bueno, si ya es sabido que me desarmó de entrada…

Ah, llegamos al punto en que me pongo a decir incoherencias...
 

Con el uniforme de la Milicia... pero eso es lo último de lo cual me apercibo, en esta foto...

Hablando de Billy… no conozco ningún rol en el cual se haya calzado un uniforme antiguo. Sí lo he visto de policía, pero ese es un traje que, para mí, carece de glamour. Me encantaría encontrarlo  disfrazado de prócer, jeje…  (La foto es de Untraceable, y aparece en: www.wou.edu)
Pero, por ahora, es un gran consuelo que le haya tocado encarnar al único tipo de uniformado que se mantiene fuera de todo cuestionamiento: el bombero. (La foto es de Brigada 49)

 

Pero volviendo al tema, este gusto mío por los guerreros tiene que explicarse de alguna forma. Me han dicho que puede ser, simplemente, la atracción del opuesto: a mi pacifismo inveterado le fascina el tipo recio. Puede ser, aunque me parece que la cosa es un poquito más complicada.

Siempre fui una persona muy independiente. Por diferentes razones, he tenido que arreglármelas sola y nunca me detuve a esperar que alguien cuidara de mí. Más bien, me ha tocado ser yo la que cuida de los otros. Hasta profesionalmente, me toca velar por los demás, por los que están en una situación de debilidad o inferioridad. Incluso en mis relaciones de amistad, por lo general soy el pilar donde los otros pueden recostarse, y me gusta ese rol.

Entonces… puede ser que mis fantasías con “el guerrero” tengan que ver con la necesidad de, por lo menos de vez en cuando, estar en el lugar del protegido, no del protector. Poder dejar de pensar un momento, y que sea otro el que decida, el que me lleve… en fin. ¿Será eso?

En el fondo, no importa tanto… ¿o sí?

sábado, 27 de julio de 2013

Matheson & Monroe: defíneme "familia".

En una entrada anterior, ya comenté que mi interés principal por Revolution estaba determinado por el tratamiento de la cuestión familiar: cómo definimos los vínculos más estrechos que un ser humano pueda tener, cómo éstos suelen trascender tanto la sangre como el parentesco por alianza (lo que surge del matrimonio). No me equivoqué, parece, cuando sostuve que toda la trama se cimentaba sobre la reformulación de este concepto, sobre el delineamiento de los que consideramos o dejamos de considerar familia.
Varias líneas argumentales corren por esos andariveles. Por mencionar unas pocas, la relación madre - hija entre Rachel y Charlie, con sus idas y venidas, contrapunteada por un vínculo homologable que la propia Charlie parece haber establecido con Nora. No me voy a explayar en ésto, porque daría para un artículo entero, pero me pareció que había más identificación, por parte de la chica, con la morena que con su progenitora genética. También tenemos el lazo establecido por Aaron con los dos hermanitos Matheson, que tranquilamente podría considerarse un nexo tío - sobrinos. Tampoco quiero detenerme mucho aquí, pero no puedo pasar por alto que, si tuviera que elegir a alguno de los personajes de esta historia como pariente y tío postizo de mis niños, pues me quedo con Aaron de aquí a la Luna.


Ahí está, Luana, ya hay foto de "tu gordo"... (midlifecrisiscrossover.com)


Madre - hija. Tío - sobrinos. Hay otro vínculo, y es el que me gustaría comentar con ustedes hoy: el lazo de hermanos. Cosa delicada, profunda, única, tan difícil de definir, mucho más asociada a un sentir que a un decir. Qué no haríamos por un hermano, como Charlie arriesgándolo todo por Danny. Y cuántas veces la vida lleva a que ese lazo se quiebre, se deteriore irremediablemente, como les pasó a Ben y a Miles.
Precisamente, pienso que uno de los ejes sobre el cual se cimentó la temporada (y no es improbable que pase algo similar con la segunda, aunque encarada desde otro ángulo) fue el vínculo entre Miles Matheson y Sebastian Monroe. Como dice la frase hecha: "Un amigo es un hermano que se elige"... y que, tal parece, se vuelve a elegir.
La relación entre Bass y Miles es conmovedora. De hecho, creo que es esa amistad la que redime al personaje de Monroe. Bass mismo afirma que todo lo que ha hecho, lo bueno y lo malo, ha sido por su amigo. Equivocadamente o no, se ha jugado entero por él. Y eso los une con cadenas más fuertes que la propia sangre, es indudable. En lo personal, reconozco que mi empatía con Monroe pasa vertebralmente por la amistad - hermandad que ha establecido con Miles. Fue el desarrollo de ese nexo, que pudimos vislumbrar por medio de diversas técnicas narrativas (el flashback, las alucinaciones, los diálogos en tiempo actual), lo que me hizo humanamente asequible al personaje. Ahí le vimos sus debilidades, sus aciertos y fracasos... su costado profundamente emotivo, su necesidad imperiosa de cariño y reconocimiento. Descubrimos, al fin y al cabo, al hombre en toda su soledad. Me parece que esto puede contarse entre los grandes aciertos de la serie.



Veo allí una amistad entrañable. Como reconocía el propio Miles, aunque le pese, nada en el mundo puede cambiar el hecho que son hermanos. Y para Bass, Matheson es un hermano mayor, ese "ídolo" que te ilumina la senda y te marca un camino. Por ello nunca pudo encajar el golpe que le produjo la huida de éste. Por eso le supo a traición. Por eso se quedó prendido del hecho que lo había encontrado "apuntándole con un arma", y se olvidó de preguntarse "por qué no le había disparado". Matar a un hermano sí que es el límite... de Caín y Abel para acá, es el límite de la iniquidad, la frontera que, si se rebasa, pone en cuestión toda nuestra humanidad.



Y digo, y repito, amistad fraterna. De ninguna manera veo un vínculo homoerótico. Esa es una trolleada de Neville. Pero sé que hay muchos fans del "Miloe", como se conoce en el mundo virtual a los que shippean una relación romántico - sexual entre estos dos caballeros. Yo no lo veo así. Quiero aclarar algo: si de una cosa no se me puede acusar es de homofobia. Más bien al contrario, me miran raro porque me tomo la homosexualidad como algo normal, como un dato del ambiente, como una condición que no define en absoluto la entidad moral de un ser humano, ni mucho menos. Pero... ¿Miles y Bass, pareja? Nah... (aunque con esos dos bombones juntos, cualquiera se infartaría, ¡juas! Ya está, lo dije, salió la fangirl...)
Ese es otro tema que anda muy presente en la actualidad. Cada vez que dos hombres, en la ficción, entablan un vínculo de amistad fraternal, sale la caterva de cromagnones a acusarlos de ser gays encubiertos. Y digo "cromagnones" porque la mayoría de las acusaciones se hacen en tono malsonante y peyorativo. Los grandes "machos" se burlan de la amistad entrañable que puede haber entre un Frodo Bolsón y un Samsagaz Gamyi (o, también he tenido que sufrirlo, entre un Jon Nieve y un Samwell Tarly). Pero vamos, las parejas homosexuales habría que buscarlas en otro lado.
Lo cual no quita que, últimamente, haya tenido la ocasión de divertirme muchísimo con las aventuras y desventuras del Miloe. Con los equívocos fomentados por ese niño grande que, evidentemente, es el buenazo de Billy Burke (buenazo en varios sentidos... estemmmm...).
Hace pocos días se celebró la Comic - Con Internacional en San Diego, evento que convocó a variadísimos fandoms, entre ellos el relativo a Revolution. Los protagonistas y productores de la serie estuvieron presentes brindando entrevistas y conferencias de prensa que han circulado por diversos medios. Los chicos de la página de facebook llamada Revolution Italia - Il primo sito italiano (página que les recomiendo calurosamente visitar...) han hecho un gran trabajo subiendo fotos y extractos de entrevistas, entre ellas algunas en las cuales Cofcofcof - Marianito - don Billy, se despacha a gusto, con un evidente deseo jocoso de "pinchar" a todos aquellos que esperan ver a su personaje entreverado con el de David Lyons. Veamos, veamos...

Le preguntan si, habida cuenta de cómo finalizó la temporada pasada, ambos personajes van a tener posibilidad de interactuar nuevamente. Y la respuesta explícita ya nos manda "para el lado de los tomates":

 (Y así te conocimos tu sonrisa de "mwuahahaha... soy un vivo bárbaro")
 
Y, cuando un periodista "desprevenido" le pregunta qué le gustaría que ocurriera entre Miles y Bass, el señorito decide "trollearnos"...




 

Sería un gran reto para tu carrera actoral, Billy... ;)
 
Hasta el propio realizador de la serie está empeñado en fomentar este cachondeo: ante la pregunta de un fan acerca del tipo de relación que hay entre Miles y Monroe, don Billy le pasa la pelota a Eric Kripke:
 
Ya, a esta altura se divertían todos...
 
Y parece que todo el equipo se ha tomado el tema con la mayor solfa...
 
Bueno, bueno, al paso que vamos, David, vas a ser el sex-symbol de la comunidad gay. Eso sí, avisen cuando viene el full frontal porque esas cosas generan imágenes imborrables...
 
En fin, más allá del evidente tono de broma que el asunto ha tomado para todo el equipo de la serie, rescato dos cuestiones. La primera, qué personas tan agradables son, cómo se ríen y se toman las cosas con buena onda. La segunda... ay, Billy, Billy... esa sonrisa... Miles es un personaje tan serio y tan traumatizado que corro el riesgo de olvidarme de esos dientes...
 
Conclusión: mal que le pese al Miloe, esto se ha transformado en una chanza... ojalá sigan mostrándonos el devenir de esta amistad en clave fraternal.