1) Muchas maneras de entender el amor.
Finalmente nos enteramos quién era la moribunda que precisaba la transfusion: la esposa de Titus Andover. No voy a detenerme a describir el malestar hasta físico que me produjo la primera escena del capítulo, con mi indefenso general a punto de ser exprimido como una naranja. No, lo tremendo del caso pasaba por otro lado: el apego enfermizo que este "malo maloso" sentía por su mujer.
Pienso que este capítulo ha sido un muestrario de formas de entender el amor, y de las cosas que uno puede estar dispuesto a hacer por aquellos a quienes ama. Y sí, esto es Revolution, y aquí además de una cierta ciencia ficción blanda y mucha acción, hay un carnaval variopinto de vínculos.
El amor obsesivo, para empezar. Andover estaba claramente desequilibrado, y la manera de entender cuál era su deber para con su esposa, evidentemente, era sólo uno de los aspectos en que esto se notaba. Era el amor - obsesión, que no puede soportar la pérdida del objeto de su desvelo, y que cruza todas las barreras de la ética con tal de mantenerlo atado a sí. Porque, otra cosa evidente, la esposa quería quebrar ese vínculo aún desde antes de caer enferma (lo cual se deduce de sus diálogos con Rachel).
También vimos al amor desolado buscando venganza. Ton Neville representa justamente eso: es un hombre terminado por la muerte de su señora y, como él mismo lo ha aclarado, su objetivo de vida, el norte que lo mantiene en un rumbo, es lograr que los culpables de su pérdida lo paguen.Rachel es, por momentos, el ejemplo de otra faceta en esta tipología: el amor que se arriesga, que se la juega. Me va gustando cada vez más. Todo lo que hizo para ir al rescate del cuñado me resultó sumamente conmovedor. Es un amor que no calcula, incluso peca de poco reflexivo, ya que antepone la necesidad de salvar al destinatario de su sentimiento como sea, incluso poniendo en riesgo la seguridad de los demás. Es para quedarse pensándolo...

Miles, por su parte, ha representado al amor que protege. Y que sobreprotege, también. Pero qué le vamos a pedir, ese ha sido su rol desde el principio. Si hay algo que lo define es el papel de cuidador. Hasta podríamos hilar finísimo y decir que, en ese afán de velar por los otros, sobre todo si los considera más débiles, estuvo el germen de la milicia (hagamos memoria del episodio 1x03...). Y, justamente, sus grandes dolores tienen que ver con los momentos en los cuales le ha fallado a aquellos que se había comprometido a defender.
Aflojate, rubia, mirá dónde estás...! *suspira*
Otro que ha sabido asumir el rol de protector es Aaron. Pero, en este caso, se complementa con otra faceta, la que encarna Cinthya. Ella lo dignifica, lo "pone frente al espejo" para que, de una buena vez, acepte que tiene mucho valor (tanto por valiente como por valioso). Nuestro querido gordo a encontrado una mujer que sabe hacer algo impagable por el hombre que tiene a su lado: enaltecerlo. Y, la verdad, es un detalle que me encanta.
Por cierto, ¿ya dije que amo a este par?
2) Cuando las piezas caen en el lugar correcto.
Desde un principio dije que Rachel no me cerraba. Que la veía fría, demasiado contenida, como si tuviera miedo de sentir. ¡Miedo de sentir! ¿Cómo no me había dado cuenta?
Durante lo que va de esta temporada, pienso que he comenzado a descorrer un velo. Nos han empezado a mostrar una Rachel vulnerable, empática, compasiva... como si lo sucedido en la torre hubiera liberado sus sentimientos. Vamos, no quiero decir que se haya vuelto cálida, pero poco a poco se me ha hecho más cercana.
Este último episodio, en ese sentido, ha sido una revelación para mí. Ahora comienzo a entederla mucho mejor. Sobre todo gracias a dos escenas. La primera, cuando le cuenta a Miles que la esposa de Andover se ha suicidado y él le pide que sonría, para disimular. Ella esboza una mueca. Él le reitera que sonría, y ella le contesta: "Esta soy yo sonriendo..." La segunda, que a mi modo de ver fue magistral, cuando Miles quiere que ella se ponga a salvo, porque no va a poder protegerla herido como está, y ella le contesta: "No necesito un mártir. Te necesito a tí. ¿No podemos protegernos el uno al otro?" Aseguro que toqué el cielo con las manos. Mi pensamiento fue: "Date por hecho, morocho, es lo más cercano a un te quiero que vas a tener de esta mujer..." (La foto es del tumblr de eveningflares)

Rachel se me ha revelado como una persona de sentimientos profundísimos, auténticos, entrañables... pero que no sabe, o no puede, o no considera necesario exteriorizarlos. Ella es medida, pero no cabe duda de la intensidad con la cual siente. Finalmente los guionistas han encontrado la manera de hacerlo patente. Con un par de gestos, con algunos diálogos, con ciertas miradas que valieron por miles de palabras. Ya está, ya quedó claro... ella también muere por el cuñado.
El problema no estaba en su escasa demostratividad. En realidad, tengo experiencia con gente poco demostrativa desde lo físico-afectivo, pero siempre había una manera en que uno se enterara de sus sentimientos. El asunto con este personaje era que no había encontrado esa vía para con ella. Ahora sí la tengo, y por eso ya no me molesta si sigue siendo aparentemente desapegada, porque he hallado la manera de leer sus emociones. Ya no queda duda que, aunque no lo exteriorice, es profundamente emotiva. Por lo menos hay un aspecto del capítulo semanal con el cual me siento en paz. La pregunta es: ¿por qué no lo esclarecieron antes?
3) Los motivos de los patriotas, y otras yerbas por el estilo.
La propia Justine Allenford se ha encargado de darnos a conocer cuáles son los objetivos de estos autodenominados "patriotas" que, munidos de todos los símbolos caros al pueblo norteamericano, han entrado en escena con la nueva temporada. Quieren recuperar el poder que perdieran a manos de Monroe, la República de Seattle y todas las demás agrupaciones políticas que surgieron con posterioridad al apagón. Dicen que para restaurar lo que fueran los Estados Unidos de antaño, y eso permite a los desorientados supervivientes de las explosiones nucleares, suponer que implica todo el cúmulo de derechos y libertades que un americano promedio asociaría con sus sistema tradicional (así como todos los límites, explícitos e implicitos, que dicho orden de cosas conlleva).
Pues bien, nosotros, espectadores, sabemos que hay gato encerrado. Y no solamente por la malhadada cartita en árabe de la cual me quejaba en la entrada anterior. Un halo de opresión y "oscuridad" rodea todas las acciones de estos supuestos patriotas. Desde el principio: necesitaron reducir a cenizas radioactivas gran parte de la costa este de su propio país para poder iniciar sus planes. Y, de allí para adelante, los métodos a los que recurren suelen ser por demás macabros.
Fijémos, por ejemplo, en la manera en que fue utilizado Titus y sus secuaces. El enviado de Allenford se lo dice con toda claridad: "necesito que aterrorices a esta gente, no que la masacres". Terror, esa será su herramienta. Pero no para ser temidos, sino para presentarse después, como los héroes salvadores frente a la amenaza que mantenía a un pueblo en estado de miedo. Los patriotas orquestan los horrores para luego mostrarse como "los buenos muchachos": método bastante común para generar adhesiones. Crea tu propio mostruo, déjalo suelto un rato, cosa que lo vean y le teman, y luego destrúyelo, presentándote como el "hombre del momento". Uf, si lo sabrán ciertos políticos que conozco...
El final del capítulo fue precisamente de ese tenor. Nuestros protagonistas en situación crítica y, en el momento de mayor necesidad, los patriotas irrumpiendo en el pueblo para "salvar el día", cargándose uno tras otro a los agentes de Andover (y al mismo Andover, de paso). Miles, herido y preocupado porque Rachel ha perdido el conocimiento merced a un flechazo, no alcanza a comprender qué está pasando, hasta que un soldado en traje de fajina, haciéndose cargo de la mujer herida, intenta tranquilizarlo diciéndole que han llegado los hombres del presidente de los Estados Unidos a hacerse cargo de la situación. Miles se pone de pié, observando cómo en un mástil es izada la bandera de las barras y las estrellas. Y, otra vez, Billy Burke nos da muestras de su gran expresividad: vemos en su rostro el cúmulo de emociones que se agolpan dentro de un hombre que, tiempo atrás, fuera también él un soldado. Educado para respetar, amar y dar su vida por esa insignia que, por primera vez después de quince años como mínimo, observa flamear gallardamente en las alturas. Pero no es ese el sentir que lo gana, no. Porque Miles también sospecha que aquí está pasando algo raro, que esa bandera no es más que un señuelo para hacerle bajar la guardia, que las cosas no son como parecen. Y es ese desgarro interno lo que percibimos en sus ojos.Bueno, como que queda obvio que la emocionada, en ese momento, fue la fangirl. (Alerta parcial). Es que la empatía con esa criatura me ganó por completo. Me hice cargo de los sentimientos encontrados que tendría. Vamos, que por estos pagos también tenemos la triste experiencia de ver cómo un grupo se apropia de los símbolos que son de todos para después, en su nombre, emprender la cacería de los que considera opositores. Que alguien se apropie de tu bandera, o del nombre de tu país, y que después lo use en contra de los que ha jurado defender, es terrible... y de eso, por mi pobre patria, sí que sabemos. Así que, salvando las distancias, no me costó nada ponerme en el lugar del morocho.
En fin, sé que pasaron muchas cosas más en este capítulo, pero no me generan demasiadas reflexiones dignas de ser compartidas... si alguien quiere comentarlas, me alegraría muchísimo. ¡Siéntanse libres de opinar y compartir!









































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